
Durante las décadas de los años ochenta y noventa del siglo pasado, la cuestión indígena en América Latina, se acentuó social y culturalmente y tuvo una mayor significación e importancia política en México, Perú, Bolivia, Nicaragua, Guatemala, Ecuador y Brasil. De hecho, es importante señalar que gracias a las luchas históricas de resistencia de los pueblos indígenas se ha avanzado en los procesos del reconocimiento parcial, en algunas constituciones políticas latinoamericanas, de la existencia de los pueblos indígenas. Entre las cartas magnas que han reconocido a los indígenas figuran los de Brasil (1988), Colombia (1991), México (1992), Guatemala (1985), Nicaragua (1987), Ecuador (1978), Panamá (1972), Canadá (1982), Paraguay (1992), Perú (1993) y, desde luego, Bolivia con su nueva Constitución Pluricultural promulgada en febrero de 2009.
A pesar de este tardío reconocimiento, la realidad actual latinoamericana muestra, después de casi sesenta años de acción indigenista en su versión integracionista, que los resultados no han sido los esperados por sus promotores: ni resolvieron los problemas socioeconómicos de los indígenas ni éstos fueron disueltos por la acción gubernamental. A finales del siglo XX e inicios del XXI, por el contrario, los pueblos indígenas se han revitalizado: han fortalecido su conciencia étnica y han ampliado sus demandas políticas.
A pesar de estos desencuentros, no hay duda de que el indigenismo es y ha sido parte fundamental en la construcción identitaria de buena parte de los países latinoamericanos. En efecto, el pensamiento indigenista atraviesa ciertamente toda la historia social, cultural y política de América Latina, de manera particular toda la región de los países andinos. Sin embargo, México tiene una importancia central toda vez que es el país donde mayor desarrollo e influencia ha tenido este tipo de reflexión desde sus inicios, misma que ha producido una excelente y abundante producción ensayística y literaria de gran calidad teórica y política. A guisa de ejemplo, podemos decir que entre los más importantes autores se encuentran las obras de Gonzalo Aguirre Beltrán, Guillermo Bonfil Batalla, Manuel Gamio, Miguel León-Portilla, Agustín Yáñez, Ricardo Pozas, Rodolfo Stavenhagen, Enrique Valencia, Arturo Warman, Andrés Molina Enríquez, Miguel Othón de Mendizábal, Henrie Fevre, Héctor Díaz Polanco, Gilberto López y Rivas y, desde luego, Luis Villoro entre otros.
Las reflexiones de este último sobre los temas de la identidad latinoamericana y su cultura, parten de una investigación filosófica que, amén de rigurosa, es también auténtica, propia y autónoma. A fin comprender la esencia de sus temas de estudio (el indigenismo en América Latina y la cuestión de la identidad latinoamericana y su significado de comunidad; el Estado plural y el derecho a la autonomía de los pueblos indígenas latinoamericanos y, por último, la universalización de la cultura occidental y la desintegración aparente de las cultura nacionales, entre otros), Villoro propone como instrumento analítico-crítico la percepción que sobre el indígena se ha tenido en las diversas historias nacionales latinoamericanas. Su enfoque se adscribe, por lo tanto, a la denominada «conciencia indigenista mexicana». En efecto, las reflexiones del nativo de Barcelona no es el indígena en sí mismo, es decir, el indígena concreto de carne y hueso, sino las ideas, las concepciones y visiones que sobre él se han tenido a lo largo de las etapas de la historia nacional y cómo estas mismas han constituido la «conciencia nacional mexicana», conciencia que ha visto y ve a los indígenas como entes lejanos, separados y, sin embargo, a la vez mexicanos.
Con información de scielo
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