
Indigenismo, identidad nacional y cultura latinoamericana en el pensamiento de Luis Villoro
Indigenismo
En términos generales, el indigenismo se puede describir como una corriente de pensamiento de intelectuales y políticos que aspira a mejorar las condiciones sociales de vida y la posición política de la población indígena en América Latina. Cabe señalar que esta vertiente cubre una amplia gama de pensadores cuyas posiciones e ideologías han variado desde el pensamiento conservador hasta la extrema izquierda revolucionaria. A pesar de sus diferencias, algo resulta suficientemente claro: el indigenismo, como categoría analítica, ha sido desarrollado por no indígenas que reflexionan sobre la población, la cultura, los valores y la identidad indígena y que se adhieren y solidarizan con sus luchas desde su posición en la sociedad no india. En suma, el indigenismo constituye una visión del indígena desde una perspectiva no indígena:
En el caso del indigenismo latinoamericano, éste no se ha presentado nunca como una reivindicación de la población india frente a grupos racial o culturalmente distintos. Por lo contrario, característico del indigenismo es ser un movimiento no indígena. Quienes lo han sustentado han sido miembros de una civilización fundamentalmente occidental, en cuya educación ha solido haber pocas influencias estrictamente indias. El indigenismo no es un movimiento promovido por representantes de una cultura india, sino producto de una cultura occidental, que, paradójicamente, busca sus orígenes espirituales fuera de Occidente […] Los valores espirituales más altos de las antiguas civilizaciones indias parecen haber sucumbido sin remedio.23
En efecto, en una breve síntesis histórica, se puede decir que las políticas indigenistas impuestas por los Estados nacionales de América Latina fueron históricamente asimiladoras e integradoras de las diversas culturas indígenas a una sola y nueva cultura nacional y occidental, políticas que fueron llevadas a cabo institucionalmente por gente no indígena que indicó y orientó a los indígenas cuál era su devenir en la historia. Esta homogeneización cultural y política no sólo condujo a la negación de la identidad indígena, sino, además, a todas las atrocidades asociadas a ella (del genocidio de las poblaciones originales de América Latina a la exclusión política, la discriminación social y la marginación económica).
El indigenismo y las políticas del indigenismo, como expresión concreta de las relaciones entre los pueblos indígenas y el Estado nacional, han sido la representación y el instrumento del etnocidio, no tanto por su naturaleza profundamente perversa, sino porque ellas fueron concebidas y llevadas a cabo bajo las premisas del proyecto político y cultural dominante de desarrollo, que planteaba como condición de su viabilidad la homogenización social y cultural de las sociedades nacionales. En otras palabras, el modelo civilizador dominante, anclado en la tradición occidental, consideraba como condición necesaria, inherente a la fundación y consolidación del Estado nacional, la unificación de la economía, en la forma de la creación de mercado nacional; la centralización de la política, como dominación local y regional, y la homogenización cultural, como imposición y predominio del moderno sistema de educación nacional. En concreto, el proyecto de desarrollo nacional planteaba la confrontación de dos modelos y procesos civilizatorios diferenciados cultural y socialmente, que definían de manera contradictoria, incluso antagónica, los factores, sectores y prioridades del cambio modernizador.
Con información de scielo
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